Media hora en veinte murmuros de vértigo.

septiembre 13, 2008

Esta dulce rotura entre los dedos,
Sufre un vértigo y  quizá
Toma el fin caminando vestida,
En un cauce crónico.

Habla prohibida, el tabúe del aula.


Estéticanormal

septiembre 13, 2008

I

Arrastro calaveras
Crónica de culebra
Monte azul de fiera.

Coraza misma angustia, tiembla arcada nominal
Recuerda fruta búsqueda
En sol imperativo.

Perdida anuda cría salvaje
Huye savia a camino
Ahorcado en palmo centáureo
Matinée dormida en ayuno
Sí, no cae babeando trapero augusto
Rojo el corzo veloz de mí normal.

Luz número candela
Gris petrifico anorma sola convicta
Vuelo persiana tupida
Campana tacha carga
Arrastra palo caro.

Vi saña mascara cambió
Araña raya cósmica vía
Sulfúrea asustada cornisa, aqueja nula espada

II

Vida para encima consumo
Causa convicta mil truenos

Media vida prisa en ruta temprana
Cárcamo serio concluido
Pitazo escudo recio
Fusil arriba abrigo
Lacera cuarto
Cama lucida tintera vigilia
Crespa pantalla.

Miedo corta pena, rige calumnia verso.


La aparición de la propiedad

septiembre 13, 2008

Con los ojos así, verticales,
Y una miradilla colérica,
Su propiedad privada nos rebusca,
Otra miradilla colérica.
¿Le has visto los pechos tan sencillos, a esa mujer tan espacial?

Bello todo lo que has tocado,
Aunque no has visto que tu traje rebota luz rojiza,
A mi piel.
Ahora que solo me intriga su bronceado.
Quisiera despintarla, descuartizando.


Retorno

septiembre 13, 2008

Eres mirada de música imperdible,
De ciencias naturales,
De timbre,
De renglón en el reloj,
Y brazo torcido al más allá.

Eres tantas cosas en un patio inmenso,
Tal vez un olor que desaparece,
A agua,
A cielo.

Muchas cosas contradicen tu volar,
Mi solución de tiempo y espacio,
El fundamental correr de la materia,
Y sus saltos inevitables.

Pero eres corazón de amor que no es nada,
Eres sensación de hipocondríaco.


Iris

septiembre 13, 2008

En el fondo de tus pupilas arde una rara normalidad,
Que incendia la locura de tu rostro,
Que permite la bondad de tu vestido,
Que sigue en su ofrenda de eternidad,
La belleza de tus piernas, de tus brazos,
La tristeza de tus manos descansadas.

¡Y te veo pensar en cada instante!
¡Que insensata la humildad de tu mirada!


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.